viernes, 15 de abril de 2011

La Idea de Filosofía (Ficha Nº 1)

LA IDEA DE FILOSOFÍA
 Dr. Rubén L. Vasconi

I-                    Multiplicidad de estilos de filosofar.
Cuando nos asomamos al mundo de la filosofía, lo primero que nos hace frente es la multiplicidad y anárquica variedad de estilos de filosofar. Tal vez convenga aclarar de entrada: no existe la filosofía sino las filosofías. Recordemos algunos de estos estilos de filosofar.
1.       La filosofía puede aparecer como un gran sistema de proposiciones lógicamente trabadas y racionalmente fundadas. Pensemos en Sto. Tomás de Aquino, Hegel o Spinoza (En la “Ethica more geométrico demostrata” de este último se llega a la exquisitez de adoptar la estructura de la axiomática euclídea: axiomas, postulados, teoremas, corolarios,…).
Pero puede, en cambio, tomar la forma de una reflexión persona, diario íntimo o autobiografía, como en “A sí mismo” de Marco Aurelio, las “Confesiones” de San Agustín o el “Diario Metafísico” de Gabriel Marcel.

2.       Puede constituir un pensamiento íntimamente vinculado a las ciencias, como la “Crítica de la Razón Pura” de Kant, el Positivismo del siglo XIX o la Filosofía Analítica, para la que el tema del filósofo es el análisis del lenguaje científico y de la estructura de las teorías.
O puede ligarse al arte y a la creación poética, como en los filósofos literatos Jean Paul Sartre o Albert Camus, ciertos diálogos platónicos como el Fedro y buena parte de la producción del segundo Heidegger.

3.       A veces la filosofía asume un carácter eminentemente teórico, como en Descartes o en la Fenomenología Pura de Husserl, donde se trata de “fundar una ciencia que satisfaga las aspiraciones teóricas más elevadas”.
Pero otras veces se nos presenta directamente ligada a la vida y la acción.  Por ejemplo, en el estoicismo y epicureísmo, donde la filosofía es la maestra de la vida que conduce al hombre a la felicidad o en el pragmatismo o el marxismo contemporáneos.

4.       Y siguiendo una enumeración al azar de los estilos: puede ser un pensar fragmentario, ensayista, casi periodístico, como se muestra en Ortega y Gasset. O puede tomar carácter de una predicación religiosa y entonces el filósofo asume la lengua y el estilo del profeta, como en “Así habló Zarathustra” de Nietzsche.

5.       En algunas ocasiones, el filósofo se dirige a nuestro intelecto, intenta convencernos y elabora cuidadosas demostraciones. Pero en otras, valiéndose de la retórica y la figura literaria, pretende conmovernos.

6.       La misma pluralidad se hace presente si consideramos ahora, no el estilo de filosofar sino el objeto de que se ocupa la filosofía. De “conocer las primeras causas” diría Aristóteles; de “guiar al hombre a la felicidad” responderían los estoicos y epicúreos; de “hacer comprensibles los datos de la fe”, nos indicaría San Agustín; del “análisis del lenguaje”, declararían los analíticos anglosajones.

7.       En síntesis: ya sea que consideremos el estilo del filósofo o el objeto de que se ocupa, lo primero que nos sale al paso es la variedad y multiplicidad. Que haya algo de común entre los diversos pensadores – y tiene que haberlo si colocamos juntos en una Historia de la Filosofía a Platón, Hume o Gabriel Marcel – que haya algo en común y qué sea esto que tienen de común, sólo va saliendo a la luz después de una larga familiaridad con los pensadores.


Pero podemos marcar tres rasgos que se muestran en seguida y nos hacen patente que lo que tenemos bajo nuestros ojos cuando leemos un libro es un filósofo y no un científico.

a)      Un intento de comprensión universal: es decir, proporcionarnos una visión englobante, totalizadora de lo real. Constituyen así los sistemas filosóficos grandes “visiones del mundo” que lo iluminan desde una perspectiva particular: una filosofía “cristiana”, una filosofía “revolucionaria”, una filosofía “vitalista”, etc. Por eso al filósofo todo le incumbe, en tanto todos los hechos pueden ser interpretados e incluidos en esta comprensión universal. Pero esto mismo hace que la filosofía nos aparezca siempre inconclusa, más promesa que obra acabada.
b)      Un intento de comprensión radical: es decir, de retroceder hasta los fundamentos últimos, de aclarar en última instancia. También aquí se trata de la aspiración, la meta ideal, no importa has qué punto sea lograda.
La filosofía aparece así como aspiración al saber total y radical, búsqueda de una comprensión abarcativa. Por su misma naturaleza está siempre in fieri, en marcha, es más proyecto que realización.
c)       Del intento de comprensión radical y universal resulta de toda filosofía una propuesta de vida como respuesta a la cuestión ¿Cómo debemos vivir? La filosofía se inserta de este modo en la vida humana inspirando sistemas éticos y proyectos políticos y pedagógicos, orientando a los hombres en su existencia.


II-                  Los problemas filosóficos fundamentales.

1.       Aunque no aparezcan explícitamente, toda reflexión filosófica intenta dar respuesta a tres problemas:
a)      El problema ontológico: Nos preguntamos, ¿qué es, cómo es, en última instancia, lo real? Por ejemplo, ¿es la materia, el espíritu o una mezcla de ambos? La multiplicidad de los entes, ¿es real o aparente?
b)      El problema gnoseológico: ¿Es posible lograr un conocimiento verdadero? Y, si es posible, ¿cómo lo obtenemos? ¿a través de los sentidos, la razón, o de alguna otra facultad que nos permita penetrar en lo real?
c)       El problema ético antropológico: ¿Qué es el hombre? ¿ cuál es su puesto en el seno de lo real? Supuesto que es de tal modo, ¿cómo debemos vivir?

2.       Aunque los tres problemas están siempre presentes, en diferentes épocas uno de ellos suele ser el dominante o también aquél por el cual comienza la reflexión y este pensar histórico nacería de motivaciones diferentes.
Así por ejemplo:
a)      En la Filosofía Clásica, desde Platón hasta fines del medioevo, domina el problema ontológico y, según Aristóteles, lo que nos induce a filosofar es la admiración ante lo que ocurre, de donde nace la pregunta: ¿por qué los entes son como son?
b)      En la Filosofía Moderna, desde Descartes (S. XVII) hasta el siglo XIX, domina el problema gnoseológico. La caída de la cosmovisión medieval, durante el Renacimiento, el surgimiento de nuevas formas de conocimiento con Galileo, Copérnico, etc. engendra en los espíritus la pregunta: ¿de qué puedo estar seguro? El motivo del filosofar es ahora la duda.
c)       La Filosofía Contemporánea está centrada en la problemática ético-antropológico: ¿qué es el hombre? ¿cómo debemos vivir? La motivación que nos urge a filosofar es, según Karl Jaspers, la conciencia de estar perdidos.

Esta problematización del hombre y el mundo humano, cuya última consecuencia sería esta conciencia de estar perdidos, resulta de la apertura del horizonte vital que comienza en el siglo XIX con el surgimiento de las ciencias sociales (historia, sociología, etnografía) y se acentúa en la época contemporánea con el explosivo desarrollo de los medios de comunicación (mass-media que los posmodernos colocan como motivación fundamental de su pensar).


III-                Filosofía e Historia de la Filosofía.
El conocimiento de la filosofía es inseparable del conocimiento de su historia. Esto se debe a que la historia de la filosofía no tiene, como la de la ciencia, un carácter progresivo, sino que, más bien, como en el arte, lo más valioso no es lo último sino la creación del genio más grande. Las grandes obras filosóficas permanecen así como modelos siempre válidos de una intuición fundamental. El pasado de la filosofía sigue siendo contemporáneo del pensador actual.

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